El valor de la confesión del investigado “arrepentido”

Muchos días vemos en diferentes medios de comunicación que tal o cual persona se ha ofrecido a “colaborar” con la investigación a cambio de una mejora en su situación, normalmente relacionada con una pena inferior a la que inicialmente se le solicitaba al acusado o incluso con inmunidad (en caso de otras jurisdicciones, pero no así en la Española).

Esta práctica, habitual, tiene sentido cuando se trata de confesiones de los “arrepentidos” que previamente asesorados han decidido reconocer la culpa a cambio de una rebaja sustancial en la condena.

Debemos valorar con cuidado esas confesiones cuando se trata de causas complejas o causas en las que hay una pluralidad de acusados. Esas confesiones tienen que ponerse en relación con el resto de indicios o de pruebas que obren en la causa para determinar su verosimilitud pues de lo contrario nos encontraríamos con investigaciones dirigidas a acusar a determinadas personas porque otros acusados han decidido apuntar en esa dirección.

Tanto en España como en otros órdenes jurisdiccionales Internacionales en los que existe una seguridad jurídica relativa existen mecanismos de control de esas confesiones que permiten garantizar al resto de acusados sus derechos de defensa.

Sin embargo en otros órdenes jurisdiccionales Internacionales en los que no hay tanta seguridad jurídica hemos podido comprobar casos en los que valiéndose de la confesión del arrepentido se ha montado una compleja investigación que finalmente ha terminado en nada, pero que durante su vigencia afecta gravemente a la reputación personal y profesional del investigado.

En las causas complejas en España la figura del arrepentido suele aparecer en la fase de instrucción, mientras se están llevando a cabo las investigaciones y por tanto existe un verdadero control sobre la veracidad de la confesión pues permite al Juez Instructor y al Ministerio Fiscal avanzar en determinadas diligencias tendentes a comprobar la realidad de los hechos confesados y obtener pruebas que sirvan para apoyar la confesión una vez se ratifique en el acto del Juicio.

Numerosas corrientes doctrinales son las que consideran que esas confesiones merman las garantías del coimputado que se ve afectado por la declaración y recomiendan por tanto que las declaraciones de los coimputados deben ser consideradas de dudosa fiabilidad exigiendo así un plus probatorio para poder enervar la presunción de inocencia, lo cuál es coherente con nuestro garantista sistema de protección del imputado.

En suma si la confesión del arrepentido es coherente, se ratifica en Juicio y es reforzada con material probatorio obtenido durante la instrucción podrá utilizarse para enervar la presunción de inocencia. De lo contrario esa confesión del arrepentido se quedará en una mera autoinculpación de aquél que confiesa, pero no desplegará sus efectos sobre el resto de coimputados.

2 comentarios en “El valor de la confesión del investigado “arrepentido”

  1. Ilustrativo el ejemplo, en mi opinión, y debiendo discernir entre la confesión en procedimientos complejos y simples. Recientemente se han celebrado una serie de vistas en relación a una imputación de distintos delitos fiscales, es decir, sociedades truchas, truchas desdobladas,… de tal modo, que una instrucción de más de 10 años, ha culminado en una “especie” de regateo penal entre los letrados y la fiscalía. De este modo, todos los que han confesado (basta decir que la confesión ha sido de admitir los hechos, sin posibilidad de explicar cuales son ciertos y cuales no, por propia petición del fiscal), ninguno va a tener que cumplir con la pena impuesta (de los más de 13 años iniciales, se queda en dos, y de los 27 millones de euros, pagarán unos pocos miles). Todos han confesado, bueno, todos a excepción de uno, que en base a unas alegaciones, en mi opinión, acertadas, y bien trabajadas, ha sido condenado a 12 años.
    Cuando un letrado prepara un asunto de tal complejidad, dónde además intervienen peritos, se ha realizado un trabajo bastante exhaustivo a fin de preparar una defensa acorde con la necesidad, hechos como los anteriores sin duda alguna generan una indefensión difícilmente reparable, quien se siente inocente, y se ve imputado en una causa como la anterior, donde se pervierte la presunción de inocencia, esforzándote entonces en acreditar la inocencia, se ve en la tesitura de entrar forzosamente en una negociación, con todo lo que ello significa, pues basta ver, y de la jurisprudencia se observa, como si no atiendes a “conformar”, la ira del fiscal, y casi por inercia, del tribunal, va a caer sobre quien no acepta. Como letrados, ¿debemos de indicar que debemos de indicar al cliente?, creemos y hemos trabajado por su inocencia, pero si no conformamos difícilmente podrá librarse del escarnio que ya se empieza a adivinar, pero ¿nos arriesgamos y elevamos al Tribunal Supremo o Constitucional?.
    Soy partidario de las conformidades, pero no de todas, y creo que se merece una mayor regulación o interpretación jurisprudencia, porque el día de hoy, y hablo siempre bajo la experiencia, creo que la inseguridad que genera es mucho mayor que la seguridad que debería de proteger la jurisdicción penal.
    Saludos.

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